miércoles, 21 de septiembre de 2011

La Cultura Chicha

La llamada cultura "chicha", en sus formas de comunicación masiva, se presenta en la prensa como un conjunto abigarrado de primeras paginas muy coloridas -con fotos audaces- que cuelgan de los kioskos de venta y que difieren de manera tosca de sus homólogos formales, tanto en el diseño como en la temática noticiosa. En la radio en la banda de AM vociferando convocatorias a espectáculos populares u ofreciendo pócimas para el amor eterno. En la televisión con espectaculares "talk-shows" de temáticas sorprendentes. Son, en conjunto, la expresión actual del sensacionalismo peruano que conforma lo que es probablemente un fenómeno de cultura de masas único en el Continente y que parece estar llegando a extremos máximos de expresión al circular, desde hace pocas semanas, el primer diario pornográfico.
En una confusión ya corriente se suele criticar a estas versiones del periodismo con generalizaciones abusivas, sin caer en la cuenta que se trata de expresiones periodísticas que tienen como fin principal el entretenimiento, la diversión, no el interés informativo -que viene a ser secundario.
Este periodismo de entretenimiento apela sin embargo a las convenciones de protección de libertad de expresión que se concede a sus homólogos que practican el periodismo de responsabilidad social aunque sin descuidar que, al final, deben respetar las reglas del mercado.
La complejidad del tema exige una aproximación interdisciplinaria pues un solo ángulo no daría una visión adecuada. Primero en lo relativo a la historia de los medios pues, como veremos, el tabloidismo chichero encuentra espacios en radio, prensa y televisión; luego en el lenguaje, por sus características tan conocidas. En la cultura, un terreno más difícil que podría hacernos avanzar hacia los terrenos de las mentalidades. Igualmente la ética y la deontología del oficio de comunicador social; las formas gráficas. Sin lugar a dudas en el Perú tenemos una mezcla de razas y culturas, resultado de nuestra historia. Desde la época de los Incas las culturas chocaban y se trans¬formaban poco a poco, hasta la llegada de los españoles donde esa cultura que seguía un curso “normal” y evolu¬cionaba lentamente tuvo cambios absolutamente radicales, hasta la raza se modifica contundentemente. Hoy en día somos una mezcla de razas: gringos, chinos, blancos, incas, cholos, negros y de muchas más. Pero en los ochentas debido al terrorismo, familias enteras migraron de los campos hacia las ciudades que tenían un tipo de vida total¬mente distinto al suyo. Los pequeños que llegaron a las urbes con su familia, no vienen con una identidad campesina com¬pletamente marcada, su identidad se encuentra a medias, y es fácilmente influenciada por las costumbres de la ciudad. Es así que imitan a los citadinos, en la forma de vestir, la músi¬ca, la manera de hablar y otras expresiones culturales. Pero sus imitaciones empiezan por la economía, no pueden comprar la misma ropa del poblador urbano, los polos son caros y los zapatos aun más; y es así como copian su ropa, su música, sus expresiones, su cultura; pero no lo hacen al pie de la letra, mezclan esas expresiones con las traídas de su tierra -y ojo que las migraciones no eran de un sólo lugar eran de dife¬rentes puntos del país, diversificándola aún más- nace una quimera que ahora es conocida como “la cultura chicha”. Está vinculada a significativos cambios sociales que se han vivido en el Perú desde los años 1950 en adelante. Producto de las grandes migraciones provincianas hacia la capital se empezaron a formar los barrios / pueblos jóvenes.

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